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El matrimonio, es bueno. Y tiene un modo de ser.

Enseñanza en video audio:

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Enseñanza en texto:

18 Después dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».

19 Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales de campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.

20 El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

21 Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío.

22 Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.

23 El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre».

24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

25 Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.


Fuente de lo anterior:
  • Libro: Sagrada Biblia

  • Capítulo: 2

  • Frase/texto: 18 - 25

 
Otras frases de Santos que ayudan a entender:

6. Entre estos elementos, está también la indicación de que hombre y mujer son iguales en cuanto naturaleza y dignidad. Efectivamente, mientras que ninguna criatura podía ser para el hombre "una ayuda semejante a él", encuentra tal "ayuda" en la mujer creada por Dios-Yavé. Según el Génesis 2, 21-22, Dios llama a la mujer a la existencia, sacándola del cuerpo del hombre: de "una de las costillas" del hombre. Esto indica su identidad en la humanidad, su semejanza esencial, aun dentro de la distinción. Puesto que los dos participan de la misma naturaleza, ambos tienen la misma dignidad de persona. - https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1986/documents/hf_jp-ii_aud_19860409.html


También los recién casados merecen un saludo especial para ellos, unido a un augurio cordial de felicidad en el Señor. Procurad hacer de toda vuestra vida un sacramento, es decir, un signo evidente del amor mutuo y total de Cristo y la Iglesia. Y recordad siempre que no hay amor pleno si no va acompañado de fidelidad, armonía recíproca, generosidad y también de paciencia. Bajo estas condiciones encontraréis hermoso realmente el vivir juntos, vosotros y vuestros hijos, como parte de la comunidad eclesial más amplia. Y os acompañe mi bendición. - https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1979/documents/hf_jp-ii_aud_19790912.html


Como ya hemos constatado anteriormente, el hombre en su soledad originaria, adquiere una conciencia personal en el proceso de "distinción" de todos los seres vivientes (animalia) y al mismo tiempo, en esta soledad se abre hacia un ser afín a él y que el Génesis (2, 18 y 20) define como "ayuda semejante a él". - https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1979/documents/hf_jp-ii_aud_19791114.html


Y es así, porque esa unidad que se realiza a través del cuerpo indica, desde el principio, no sólo el "cuerpo", sino también la comunión "encarnada" de las personas —communio personarum— y exige esta comunión desde el principio. La masculinidad y la feminidad expresan el doble aspecto de la constitución somática del hombre ("esto sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos"), e indican, además, a través de las mismas palabras del Génesis 2, 23, la nueva conciencia del sentido del propio cuerpo: sentido, que se puede decir consiste en un enriquecimiento recíproco. - https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1979/documents/hf_jp-ii_aud_19791114.html


[1] "Pero Dios no creó al hombre dejándolo solo; desde el principio "varón y mujer los creó" (Gén 1, 27) y su unión constituye la primera forma de comunión de personas" (Gaudium et spes, 12). - https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1979/documents/hf_jp-ii_aud_19791114.html


El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas. En los bautizados el matrimonio reviste, además, la dignidad de signo sacramental de la gracia, en cuanto representa la unión de Cristo y de la Iglesia. - https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html


De qué temas se habla aquí (Etiquetas):

[autor, libro, tema/s, verdad].


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