No te quedes tranquilo cuando salen de tu boca cosas malas, aunque no las oiga hombre alguno.

Por el contrario, no te quedes tranquilo cuando salen de tu boca cosas malas, aunque no las oiga hombre alguno: las oye quien condena.


San Agustín.


https://www.deiverbum.org/mt-15_01-02-y-10-14/



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